Concretamente, los resultados revelan que llevar a cabo tres caminatas cortas después de las comidas son igual de efectivas para reducir el azúcar en sangre que caminar durante 45 minutos a un ritmo suave-moderado. Y asimismo, que caminar tras la comida es más eficaz que un paseo prolongado de hasta tres horas después de la cena.
En palabras de la doctora Loretta DiPietro, directora de la investigación, “nuestros hallazgos son una buena noticia para las personas de 70 y 80 años que pueden sentirse más capaces de llevar a cabo una actividad física intermitente a diario, sobre todo si las caminatas cortas se pueden combinar con recados o pasear al perro”.
Reducción del riesgo
Numerosos estudios han sugerido que la pérdida de peso y el ejercicio físico pueden prevenir la diabetes tipo 2. Sin embargo, esta es la primera investigación en la que se demuestra que las sesiones cortas de actividad física programada en períodos de riesgo –esto es, tras las comidas, momentos en los que se producen elevaciones de la concentración de azúcar en sangre– también puede prevenir el desarrollo de diabetes tipo 2.
Como explica la doctora de DiPietro a tenor de los resultados de este estudio llevado a cabo con 10 personas mayores de 60 años y con riesgo elevado de diabetes, “las contracciones musculares relacionadas con caminatas cortas resultan inmediatamente eficaces contra las elevaciones potencialmente dañinas de azúcar en sangre que se observan comúnmente en las personas mayores tras las comidas”.
Sin embargo, como recuerdan los autores, la mayoría de la gente suele ingerir grandes cantidades de comida durante la tarde o la cena, para luego dormir una siesta o ver la televisión. “Y esto es lo peor que puede hacerse. Se debe digerir un poco la comida y luego salir y moverse”, concluye la doctora DiPietro.
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